NEA National Heritage Fellowships

Entrevista con Celestino Avilés, Santero

por Carlos Arrien, National Endowment for the Arts

courtesy of the artist

Celestino Avilés

Orocovis, Puerto Rico
Santero

Carlos Arrien: ¿Qué significa ser Santero? ¿Es ésta la palabra apropiada para describir a una persona de su oficio?

Celestino Avilés: Anteriormente se veía más santeros, las personas que hacen santos de "palo". Las iglesias eran muy apartadas, entonces para tener imágenes le encargaban a cualquier persona que fuera "ágil" en ese barrio y se los hacía. A algunos les quedaban bien, en el sentido artístico de la palabra y otros pues venían a las iglesias y se fijaban un poco, entonces así es que surgieron los santeros.

Arrien: ¿Cómo se hizo santero usted?  Avilés: Cuando era pequeño me recortaba en la peluquería de Juanito Cartagena. Yo admiraba los santos que ponía a secar en su vitrina. El era compadre de los viejos míos y fué uno de los mejores santeros. Yo me fijé un poco en como los hacía, pero cuando empece a hacer santos fué por consejo de un amigo mío, porque yo hacía "corozo," primero. El corozo es una semilla que da la palma, bien dura. En ese tiempo yo le enseñé a mis hijos a hacer sortijas y toda clase de amuletos, pues las cosas estaban muy malas. Un amigo mio que se llama Norberto Cedeño, que es uno de los viejos también, me dijo que empezara a tallar y empezé y me salió una cosa. Yo mismo me eduqué, solo. Pero Juanito Cartagena fué mi primera influencia, tanto que yo luego organicé un comité para ponerle su nombre al centro cultural que tenemos en Orocovis, que creo que es único en la isla.

Arrien: ¿Cuál cree usted que es el aporte del oficio de santero a la cultura de Pueto Rico?  Avilés: Yo creo que es la primera artesanía que hay en Puerto Rico. Los turistas en seguida piden santos de" palo", que los llaman ellos. Creo que eso nos distingue a nosotros de los demás paises. Esto viene de trescientos o cuatrocientos años atrás. Las familas de aquí de Orocovis y Morovis, todos tallan, parece que lo llevamos en la sangre. Ahora tenemos un festival en el que recogemos a todos los santeros de Puerto Rico, en diciembre los reunimos aquí y esa es la actividad mayor que se dá de los santeros, el tercer domingo de diciembre. Aunque todavía no tenemos ayuda de nadie, tenemos un museito pequeño, aquí en Orocovis. Viene mucha gente hasta del extranjero.

Arrien: ¿ Qué obstáculos tuvo que vencer para lograr dedicarse a este oficio, y qué le cuesta más ahora?  Avilés: El mayor obstáculo fué la falta de reconocimiento del valor que tenía nuestro trabajo. Era difícil vender las piezas talladas. Antes valían a peseta o medio peso. Poco a poco las cosas cambiaron. Inclusive se dió que los coleccionistas venían al campo y cambiaban los santos tallados por imágenes de yeso, porque las viejitas y viejitos no reconocían los santos tallados como un arte y a veces los daban por cualquier cosa. Ahora ya casi no se consiguen los santos aunque tenemos una colección que la exihibimos en nuestro museo.

Arrien:¿Tiene usted aprendices o está transmitiendo su oficio de algún modo a las genraciones jóvenes? ¿Qué consejo le daría usted a los jóvenes que se están iniciando en este tipo de trabajo? Avilés: Bueno, Orocovis es el pueblo de los santeros, cualquier muchacho que se interese puede pasar por aquí. Se les da unas pequeñas instrucciones y enonces se "tiran" a que ellos cojan el estilo propio. Siete de mis diez hijos tallan, especialmente Antonio, que está reconocido como uno de los mejores talladores de Puerto Rico. El consejo que les daría a los jóvenes que se inician es que no todo el mundo puede ser doctor o abogado, que si les gusta esto, que empiecen, no importa que no tengan maestro. Con ver a un maestro con eso basta. Entonces que ellos cojan el estilo propio, pues no conviene que cojan el estilo del maestro. Otra cosa es el tiempo, se necesita tiempo y hoy los muchachos casi no lo tienen.

Arrien: ¿ Se siente usted satisfecho de la obra que ha hecho?  Avilés: Sí, seguro, ya me puedo morir, ya he hecho bastante, con los hijos y con los vecinos. Aquí hay como ocho o diez que viven de esto (santeros) y vea, esa es la alegría mía. Si yo me muero ahorita, he dejado por lo menos algo.

Arrien: ¿Cómo podría el NEA hacer un mayor aporte a los santeros y a su comunidad?  Avilés: Que haga surgir esto más. Seguir dando esos premios, aquí hay buenos talladores, hay distintas clases de artesanías que aún se hacen con las manos y que es bueno que los reconozcan también. Que se le de propaganda, por toda la isla y afuera, a nuestro museíto de santos y de cosas viejas.

Arrien: Una última pregunta. ¿Qué expectativas tiene usted de la ceremonia de la presentación de premios a la que va a asistir el 21 de septiembre, en Washington?  Avilés: Bueno no puedo decirle, porque nosotros hablamos "es con las manos", no podremos echar un discurso, sino secillamente darle las gracias por ese premio, estar allí. Yo he recibido mucho de acá pero faltaba lo de allá. Que nos reconozcan por allá. Yo estoy muy agradecido, que Dios se lo pague y los santos también.